Excelente “las cosas como son” de un guionista de cine español que prefiere no confesarlo: su madre cree que es pianista en un burdel.
Su diatriba navega perfectamente entre el remolino del hipercandadismo maximalista de derechos de autor y los escollos del “buuu anticanon ladrones buuu” representado en este chiste gráfico de Manel.
Vale la pena leer “Mea Culpa caga leyes” para seguir tanto sus razonamientos como los enlaces que apuntan a los autores de las siguientes tropelías:
Yo soy autor. Tengo alguna que otra obra susceptible de ser descargada en redes P2P. Con el dinero que voy a obtener este año por “derechos de autor” bien podría comprarme un coche. No un Prius, pero sí un Ibiza. Jamás he comprado ni compraré nunca nada en el top manta. Y el que lo haga delante de mí tiene todas las papeletas para que le retire el saludo. Pero no veo ninguna razón por la cual haya que hacerles el juego a la gentuza que ha decidido, por poner unos pocos ejemplos:
- Editar en DVD clásicos de Billy Wilder como Uno, Dos, Tres o Testigo de Cargo sin subtítulos en castellano.
- Descatalogar Balas Sobre Broadway, La Cortina de Humo o El Padrino.
- Crear un falso (como todos) “director’s cut” de Amadeus y secuestrar el montaje original.
- Emitir cine español en televisión durante años sin pagar a los autores lo que estipula la ley.Cuando yo descargo del eMule una obra que no hay manera de encontrar por otro medio, ¿estoy pirateando? Yo creo que quien está pirateando es la distribuidora que compra los derechos sobre esa obra, para luego descatalogarla porque la considera una amenaza (o sea, de calidad) para sus otros lanzamientos (o sea, basura). Está pirateando quien incumple sistemáticamente la ley europea de 12 minutos máximo de publicidad por hora. Piratea quien mutila las obras, manipula su formato, falsea sus traducciones, demora injustificadamente sus estrenos, presiona a los exhibidores para comprar películas en paquete, satura el mercado de ediciones “especiales” y extras ridículos, emite publicidad encubierta en forma de “reportajes” sobre estrenos, realiza cambios arbitrarios en la programación, tira de chequera para sacar de antena a una serie rival…
Sólo en una cosa estoy en desacuerdo con pianista en un burdel: mi desagrado por el top manta no es tan grave como el suyo, aunque coincida con él en que la distribución comercial es un fenómeno distinto del de las redes de intercambio, y bastante más problemático.
Gracias a Mauro y a Nacho por el enlace. Actualización: y a David por el de la viñeta.
