Hace una semana Mi mesa cojea planteaba una predicción satírica de portadas sobre la crisis de los mercados en la prensa española. Vista entonces, la de El País era la que menos gracia tenía; puede que los espíritus sensibles prefieran convalidarse la de !Qué!, pero yo me harté de reir, y mi mujer, que no lee español, también (muestra del humor universal que se gastan en Bilbao).
En fin, las graciosas eran las otras, pero la portada de El País propuesta era más bien contenida:
Pues bien: sólo cuatro días más tarde El País “plagiaba” a su parodia, haciendo una portada casi idéntica a la de la burla original. Retroactivamente, esto convierte a la falsa portada de El País en la más graciosa de las cuatro (a no ser que en el diario de Escolar Junior se piquen y decidan abrir con la portada de Mi mesa cojea para Público, algo que superaría cualquier hito de ironía alcanzado hasta la fecha). Si la imitación es la forma más sincera del elogio, no puede haber destilado más sincero del elogio que el del imitado imitando al imitador:

... sólo cuatro días más tarde, El País no supo resistirse al atractivo de las pantallicas de la Bolsa de Tokio. ¡Shiny!
Señores de El País: son ustedes como Roger Rabbit, que se les empieza con “U-na-co-pi-ta…” y no son capaces de contenerse hasta terminar “…!de O-jén!” ¡Intenten ser menos previsibles!
Señores de El Mundo, Público y ¡Qué!: si el mundo fuera justo, en este momento habría una guerra de pujas entre ustedes por contratar a este gran hombre para llevar las reuniones de portada. Y si el mundo fuera bueno además de justo, ganaría ‘Qué!”, para gran hilaridad de la concurrencia.
