Joi Ito habla sobre los distintos “electorados” del software y la cultura libres: bola extra en Ars Electronica 2008

Hoy sale en Consumer mi entrevista con Joi Ito sobre los nuevos proyectos de Creative Commons. Es una conversación fascinante, en la que viene a decir que Creative Commons va camino de convertirse en una especie de organización de estándares del derecho de autor, con mecanismos automáticos de licenciamiento que incorporarán otras licencias que no sean Creative Commons, llegando incluso a abarcar al “todos los derechos reservados” del copyright por defecto.

Joi Ito during the Ars Electronica 2008 Symposium

Consumer permite arriesgar bastante en ciertos temas muy técnicos, como lo es éste de las licencias libres. Pero sin tampoco pasarse, así que me he dejado una de las preguntas más enrevesadas para ponerla aquí como bola extra.

La pregunta es tan enrevesada que hasta el propio Ito parece liarse, o quiza sería que los dos estábamos muy cansados. Pero me sigue pareciendo relevante por cómo explica los diferentes compromisos que tienen con lo libre distintos proyectos, mediante la metáfora de los distintos “electorados” (constituencies) con distintos puntos sensibles en los que se sienten atacados, o que alguien está abusando de ellos.

Ésta era la pregunta:

Una duda que me surge ahora es sobre la necesidad que distintas personas tienen de distintas licencias, y cómo los grados de libertad no están todos dispuestos sobre una sola línea. Por ejemplo, Debian es maś estricta en cuanto a la libertad de las licencias que Creative Commons: hay varias licencias Creative Commons que no son libres, ni para Debian ni para nadie. Sin embargo, por otro lado, Debian es más permisiva que Creative Commons en cuanto a los mecanismos de DRM (Gestión de Restricciones Digitales); las licencias Creative Commons prohíben el DRM, pero Debian considera que prohibirlo coarta las libertad del código.

Así que el concepto de que hay una jerarquía de lo libre, con la Free Software Foundation a la cabeza, y Creative Commons en lo más “comercial”, no parece ser cierto, o no del todo. No hay un contínuo dispuesto a lo largo de una línea, y Creative Commons puede declararse como más cercana a la empresa y a los usos comerciales, pero luego ser más fundamentalista de la libertad frente al DRM que, por ejemplo, Debian.

La respuesta de Ito, como digo, es un poco liosa en los ejemplos pero ejemplar en la metáfora:

Creo que depende de los puntos de susceptibilidad del “electorado” ["constituency", N. del E.] de cada comunidad en la que estés. Uno de estos puntos es “qué es lo que hace que tu comunidad se sienta explotada”. Por ejemplo, la mayor parte de los desarrolladores de software tienen claro que el software requiere modificaciones para poderse usar. Si necesitas un programa y lo quieres implantar en tu empresa, lo tendrás que editar, mucho o poco. Por eso la GPL se dispara cuando uno realiza una obra derivada.

Sin embargo con la música, uno sobre todo la usa verbatim, sin modificar. La pones en un CD, o la difundes, pero no la modificas necesariamente, y la explotación del contenido no tiene que ver con que se hagan obras derivadas.

¿Quiere decir no con frecuencia?

Sí, quiero decir generalmente, en términos estadísticos, mucha gente usa música, personal o comercialmente, sin modificarla. Por eso en Creative Commons ofrecemos una licencia para usos no comerciales, y otra para usos no transformadores, para que no se le levantara la susceptibilidad a cierto tipo de usuarios [músicos que usan licencias CC para su obra] en nuestra comunidad. Sin embargo en el software, hay otra susceptibilidad, y también tenemos otro tipo de “palos”.

En el Software Libre tenemos el “palo” de las patentes, o al menos tenemos que defendernos del palo de las patentes. Mientras que en Creative Commons tenemos que preocuparnos de otras cosas, por ejemplo el reconocimiento de autoría es sagrado. Así que tenemos que preocuparnos de cada comunidad, y de qué es lo que hace en cada comunidad que la gente se sienta explotada, donde puede suceder esa explotación, y de los “palos” con los que cuenta uno.

Por ejemplo, otra subcomunidad que nos interesa es la de programadores en Flash. Mucha gente del software libre dice “ah, Flash no es libre, está hecho sobre una plataforma privativa”, pero la gente que lo ve desde otra capa, que puede ser la capa del contenido, y no les preocupa en qué plataforma están, para ellos compartir código Flash es importante, y ese código puede ser libre, eso es lo que les importa. Entendemos que cada uno habla de la feria según le va en ella.

Así que creo que es esa la razón por la que tenemos distintas comunidades con distintas reglas. Por esta razón también nos centramos en el contenido, y nos mantenemos al margen del código, porque en el código hay patentes, la comunidad es distinta…

En la pregunta yo me centraba sobre la diferencia entre Debian y Creative Commons en torno a los elementos de licencia no comercial o la permisividad sobre el DRM, pero la respuesta de Ito sirve también para la eterna diatriba sobre qué es más libre, si la GPL o la BSD.

Este dilema aparece con frecuencia en mis clases de Introducción al Software Libre en la UOC, en las que invariablemente hay quienes dicen que es más libre el software bajo GPL, porque siempe será libre, y otros que es más libre el software bajo BSD, porque permite que los desarrolladores usen la licencia que deseen, incluso que hagan derivados privativos. En fin, lo típico.

La respuesta canónica es que los dos casos son igual de libres, porque cumplen con las cuatro libertades de la FSF, y también con las directrices de software libre de Debian. La diferencia es que cada una da además facilidades distintas a grupos distintos: la GPL es más útil para los usuarios, es más fiel a su causa, y la BSD es más versátil para los desarrolladores. No se trata de grados de libertad. Se trata de, una vez alcanzada la libertad, cómo se graduan los demás parámetros de la licencia (en este caso, el copyleft) para servir a los receptores, licenciatarios o usuarios de ese código.

Pero esta respuesta se queda corta. Si tomamos el concepto de “electorados” y “en qué punto se sienten explotados”, podemos decir que los partidarios de la GPL y las licencias copyleft consideran que el autor del código se siente explotado si alguien realiza una versión de su software sin compartir igual, y que los partidarios de la BSD y las licencias permisivas consideran que el verdadero compartir es dejar todos los derechos, y que eliminar uno de ellos (el de relicenciamiento bajo otra licencia) es no cumplir con la visión del autor original.

Vistas de este modo, ambas posturas no son prácticas (como en la respuesta canónica de más arriba), sino morales; no son posturas racionales, sino emocionales; y no son posturas positivas, “a favor de”, sino negativas, “en contra de”. Esta explicación psicologista ayuda también a entender la adscripción y el apoyo, con tintes de guerra de religión, que algunos hacen de su licencia favorita. Una cosa es creer que cierta licencia libre es la mejor, y otra distinta proclamar a los cuatro vientos que las demás no son buenas, o incluso que no son libres. Una cosa es rascarse donde a uno le pica, o usar el “palo” de su licencia defensivamente, y otra distinta usarlo para atacar, en guerra fraticida, a otros proyectos libres.

Gracias, Joi, por ayudarme a formalizar la idea de que cada “electorado” libre muchas veces no escoge una licencia o un proyecto por razones prácticas objetivas, sino por sentimientos defensivos de explotación contra “los otros”.